"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." Juan 3:16. Es el versículo más memorizado de toda la Biblia, y de tanto repetirlo, su peso puede apagarse en nuestros oídos. Pero mira de nuevo esa palabra "unigénito". Detrás de ella hay una palabra griega con más precisión de la que una sola frase en español alcanza a mostrar.
La palabra es *monogenes*, y es un compuesto, no una forma verbal. Se forma de *monos*, "único, solo", y *genos*, "clase, género, especie" — no, como sugiere la traducción "unigénito", del verbo *gennao*, "engendrar, dar a luz". *Monogenes*, entonces, no describe un momento de origen biológico; describe una categoría de uno solo. Nombra algo — o a Alguien — que no tiene igual, ni duplicado, ni un segundo ejemplar de su misma clase. "Unigénito" te dice cómo llegó a existir el Hijo; *monogenes* te dice que sencillamente no hay nadie más como Él.
La Escritura misma lo demuestra. La misma palabra aparece en Hebreos 11:17: "Por fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su unigénito" — *monogenes* otra vez, esta vez para Isaac. Pero Isaac no fue el único hijo que Abraham engendró. Ismael había nacido de Agar años antes (Génesis 16:15), y Abraham engendraría seis hijos más después de la muerte de Sara (Génesis 25:1-2). Si *monogenes* significara "el único hijo que un hombre jamás engendró", llamar a Isaac *monogenes* sería sencillamente falso. No significa eso. Significa que Isaac era, sin igual, el hijo de la promesa, aquel en quien corría la línea del pacto — irremplazable en ese lugar, aunque no fuera irremplazable en el árbol genealógico.
Ese es exactamente el peso que Juan quiere que *monogenes* cargue sobre Jesús. Él no es "unigénito" en el sentido de que Dios no tuviera otra opción, ni la frase invita a especular sobre un punto de inicio para la existencia del Hijo, como si hubiera un momento antes del cual Él no existía. Es *monogenes* porque no hay otro de Su clase — ningún segundo Hijo, ningún rival, ningún sustituto que pudiera haber sido enviado en Su lugar. Cuando Juan dice que Dios dio a Su Hijo *monogenes*, no está describiendo un nacimiento. Está describiendo un regalo sin equivalente, entregado para un mundo que no tenía otra esperanza.
Vale la pena detenerse aquí la próxima vez que Juan 3:16 se sienta demasiado conocido para conmoverte. Dios no metió la mano en una multitud de opciones y escogió una; dio al Único sin duplicado, al Hijo irrepetible, por ti.
Reflexiona: Cuando "unigénito" ya no te dice nada de tan repetido, ¿qué cambia si lo escuchas como "el único de su clase" — el Hijo para quien no había sustituto, entregado por un mundo que tampoco tenía otro?