"Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten." Colosenses 1:17. Pablo acaba de pasar dos versículos describiendo a Cristo como la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, aquel por quien y para quien fue hecho todo lo visible e invisible. Luego pasa del origen al momento presente, del "en el principio" al "ahora mismo" — y para hacerlo, escoge una palabra extraña y cotidiana a la vez.
Esa palabra es "subsisten", que traduce el griego *synistemi* — de *syn*, "junto", e *histemi*, "estar de pie". Literalmente significa "estar de pie juntos, cohesionarse, quedar compactado en uno". Los escritores griegos de la época de Pablo usaban este mismo verbo para la materia física que mantiene su forma — la sustancia de un cuerpo, de una estructura, o los elementos del mundo cohesionándose en un todo estable en lugar de dispersarse en el caos. Y Pablo no lo usa en pasado simple. Escribe *synesteken*, el tiempo perfecto — un tiempo construido para decir que el resultado de una acción pasada sigue en pie, sin quebrarse, en el presente. No "todas las cosas fueron sostenidas una vez", sino "todas las cosas han sido, y en este mismo instante siguen siendo, sostenidas juntas". Cristo no es quien le dio cuerda al universo y se apartó. Él es la cohesión continua de todo lo que existe.
Mira el versículo anterior: "por medio de él fueron creadas todas las cosas" (Colosenses 1:16). La misma Persona que habló y el universo cobró existencia es quien ahora mismo lo mantiene sin desintegrarse. Esto no es un adorno poético; es la misma doctrina que después resuena en Hebreos 1:3, donde se describe al Hijo sosteniendo todas las cosas — la creación sostenida, momento a momento, por la misma mano que la hizo. Nada en este mundo corre por su propio impulso. Corre porque es sostenido.
Y esto no es solo una verdad sobre galaxias y átomos; es una verdad sobre ti. Cuando tus circunstancias parecen deshacerse por todas las costuras — tu salud, tus finanzas, tu familia, tu propia mente — la tentación es imaginar a Dios lejano, observando a la distancia, esperando ser llamado. Pero el tiempo perfecto no permite esa imagen. El mismo Cristo que sostiene la trama de la materia te está sosteniendo a ti también, en este instante. No estás cayendo por el espacio sin supervisión. Estás sostenido.
Reflexiona: ¿En qué área de tu vida sientes que las cosas se están deshaciendo? ¿Qué cambia si crees, no que Dios podría rescatarte algún día, sino que Él es, en este mismo momento, quien te sostiene?